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RIC
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Y habrá una vez Romala




Y habrá una vez Romala

 

Decía mi padre

-Cacarea cuando pongas un huevo.

Qué se hace cuando se pone un libro en el mundo.

Ya sé, ya sé que hay demasiados libros en el mundo.

pero así es la fuerza de la naturaleza, uno se embaraza y no queda otra que dar a luz (o morirte)

Prefiero vivir y dar vida.

Sucede que no supe de la enfermedad de los libros sino hasta hace poco.

Un libro te enferma y entonces necesitas un antídoto.

Harold Bloom dice, en “La angustia de las influencias”, que cada nuevo libro en el mundo te desafía.

-Si me amas, has algo mejor.

Creo que Bloom se equivoca en una cosa.

El desafío no es racional sino sentimental.

-Si me amas, sálvame.

¿Salvar a Rulfo, salvar a Pedro Páramo?

Suena tan irrespetuoso y sacrílego.

Lo que voy a salvar no es a la mejor novela de la literatura mexicana. A quienes voy a intentar salvarnos es a nosotros.

Pedro Páramo es todo y, dentro de ese todo, está el contenido.

¿Lo recuerdan? Es un compendio del mal humano, del mal de nuestro país.

En pocas páginas te caerá encima la tortura, la traición, el engaño, la violación, la muerte. El rencor vivo que es un hombre bastará para acabar con un pueblo del mundo. Dios necesitó fuego y rocas para hacer desaparecer Sodoma y Gomorra. Pedro Páramos siemplemente se cruzó de brazos y convirtió a Comala en un pueblo fantasma y a sus pobladores en almas en pena.

-Si amas algo, ayúdalo.

Por qué no ayudar para ayudarnos.

“Abandonad toda esperanza, vosotros que entráis” se dice en la Divina Comedia.

Lo mismo podría decirse en Pedro Páramo.

Cada lector que entra en Comala, perderá la esperanza.

Salvo que nos ayudemos.

El libro que quiero cacarear es la tentativa de salvamento que significa llegar treinta años antes que Rulfo y encontrarme con una Comala fértil y bella, y con los personajes Rulfianos todavía niñas y niños.

Cómo podrían salvarse ellos de la maldición, del maldecir, del mal decir; de decir el mal.

Y habrá una vez Romala es una aventura suicida para ganarle al tiempo trágico y para devolvernos la esperanza perdida.

Las realidades se creen con hecho pero también con palabras.

El país que somos existe porque no supimos detener los actos, pero también el lenguaje.

Amar una historia es salvarla.

Amar un libro es crear otro.

Amar a un autor es no olvidarlo.

Amar un país es mostrarle por dónde pudo tomar otro camino y no convertirse en la desgracia que es.

Ojalá que puedan acompañarme - de alma, de espíritu, de pensamiento - en esto que quiere se un canto, un coro esperanzador.